jueves, 22 de diciembre de 2016

A través de un cristal

“Está bien.  Nos vemos en la tarde”.  Esas fueron las últimas palabras que escuché de ella.  Sí, de ella, mi amiga Catalina, mejor dicho mi mejor amiga Catalina.  Debo aclarar porque realmente existe una diferencia entre Catalina y el resto de mis amistades.  A pesar de que somos un grupo bastante unido, Catalina siempre ha sido mi cómplice de aventuras, oído de secretos, la que me abraza en la distancia con solo mirar la Luna.

Viento arriba, Sol abajo.  Algunos minutos han transcurrido.  La llamaré, sí, la llamaré, aunque vayamos a vernos durante la tarde.  No contesta.  Que raro.  Intentaré comunicarme vía mensaje de texto.  Recibido.  Leído.  La tortura de mis días: avances tecnológicos que en lugar de facilitar, alteran mi existencia.  Soy así con Catalina; al enviarle un WhatsApp, mis ojos permanecen en la pantalla a la espera de una respuesta.  Claro está, no tienen que esperar mucho porque ella siempre contesta.  Menos hoy.  Así que ya no debo decir “siempre”.

Omar, Yeik y Mara, al pasar del tiempo, se han unido más a nosotros y ahora somos algo así como “inseparables”.  Ya no recuerdo bien cómo los conocí a cada uno…

Mientras Diego se prepara para el compromiso con sus amigos, ellos alistan los últimos detalles para el compartir.

Diego siente un malestar en su cuerpo, una sensación de que ya no recibiría abrazos conectados por la Luna.  Decide llamar a Yeik porque aún no conseguía a Catalina y tenía un mal presentiemiento, mas no halló respuesta.

Corre hasta el lugar del encuentro.  Llega.  Los ve de lejos y se acerca.

Ellos conversaban.  Disfrutaban como de costumbre.


Yo hablaba pero no me escuchaban.  Grité, grité mil veces, pero el sonido de mi dolor no era percibido por alguien.  Sufría por la pérdida de Catalina.  Pero fue justo en ese preciso instante cuando entendí que no era ella quien había muerto.

lunes, 1 de agosto de 2016

Segundos

           Jack con su celular en la mano adelanta el calendario hasta el año 2036.  Se mantiene fijamente observando la brillosa pantalla.  Llega Roberta, más que su novia, su compañera de aventuras.  Al ver el calendario exclama: “¡planificando para el próximo fin de semana, ah!”  Espera… ¿2036?  Pero si estamos en el 2016.  ¿O acaso estás armando un plan para un fin de semana dentro de veinte años?, pregunta Roberta con tono sarcástico.

            Jack continúa adelantando el calendario, mientras responde: “no es nada, sabes que acostumbro a hacer esto.  Me voy porque debo estar a las 2:53 p. m. en casa”.  -“¿A las 2:53 p. m.?  Vaya, que exacto”.

            A la mañana siguiente suena el despertador.  Jack mira el reloj.  Luego de completar el procedimiento de todas las mañanas, se dirige hacia el calendario sobre su escritorio, mira el mes y el día que corresponde para cotejar las tareas que realizaría.

            Mientras camina hacia la universidad, ve un camino iluminado que no había visto antes.  “Qué curioso…”—pensó.  Pero su obsesión por llegar media hora antes al salón de clases no le permitió detenerse para observar.

            Durante la tarde comenta a Roberta lo sucedido.  Ella, con cara de incredulidad, responde que parece de película.  “Oye, ¿qué vamos a hacer durante el fin de semana?”  Jack responde: “lo que habíamos planificado hace dos meses”.

            Para el día siguiente, Jack colocó el reloj despertador para que sonara dos horas más temprano, debía explorar aquel sendero antes de llegar a la universidad.

            Llega.  Ahí estaba, alumbrado nuevamente.  Jack se adentra.  Impresionante.  Había varias puertas rodeadas por muchos tipos de relojes.  Curiosamente, las puertas tenían la fecha 6 de noviembre pero con distintos años.  A la del 1945 decidió entrar Jack.  Pensó que podría conocer a sus abuelos, quizás.  Pero justo antes de abrir la puerta observa las demás.  Camina lentamente, acercándose a lo más lejano.

            Había abierto la puerta del futuro.  Donde el destino había puesto fin a su existencia.  Por el afán de querer conocer más allá, olvidó vivir el presente y ya no podría volver para enmendar su error.  El tiempo, su tiempo, se acabó.


jueves, 14 de julio de 2016

Lapso de vida

Días largos de estudio, salidas con amistades son el escenario de la vida de Ricardo.  Entre risas y sueños por cumplir, vive al máximo.
            ¿Vas hoy? –preguntó John L.
            -¡Claro!  Allá nos vemos.
            El joven que cree que vive la mejor etapa de su vida, se recuesta en su cama para descansar un rato antes de una de sus acostumbradas salidas con J.L.
            Despertó.  Qué sueño raro había tenido.  Ya era mayor, tenía esposa e hija.  Por fortuna era un sueño, pensó.  Se miró al espejo, aún los años de juventud le sonreían.  Estaba listo para disfrutar de esa noche, como muchas otras noches.
            No contó a nadie su excéntrico sueño, no quiso darle importancia a pesar de cuán real lo había sentido.
            La noche termina, la mañana comienza.  A estudiar, a continuar con la típica rutina de su edad.  Pero Ricardo aún pensaba en aquel sueño.
            Cae la noche, invade el cansancio, se cierran los ojos, la mente continúa.
            Oye, el jueves es el cumpleaños de Fernanda. –dijo Susana.
            -Claro que sí, cómo voy a olvidarlo; ahí estaré, celebrando la vida de mi primogénita.
            Despertó Ricardo.  Esta vez no se trataba de un cumpleaños a los que acostumbraba asistir con John L.  ¿Qué estaba pasando?, se preguntaba, mientras su corazón palpitaba aceleradamente.
            Cómo era posible que un sueño tuviera continuidad.  Estaba en la misma casa que la otra vez, ¿¡hablando del cumpleaños de su hija!?  Qué sucedía.  Esto no era posible.  Ricardo repetía estas palabras una y otra vez: “Soy joven, soy joven, esta no es mi vida, esta no es mi vida”.
            Durante el día no dejaba de pensar en los preparativos del cumpleaños… Irónicamente anhelaba que llegara la noche, le intrigaba el asunto, quería saber más.  Había caído en el juego.
            “¡Hola, Susana!”  Fue él quien habló primero esta vez.
            -“¿Cómo va todo?”  Susana comenzó a hablar casi sin parar, mientras Ricardo no podía dejar de mirarla.
            Que llegue la noche, mientras es de día, eran los pensamientos de Ricardo.  Intentaba hallar el sueño de día para ver a su familia.
            ¿Qué te pasa? preguntó J.L.  No llegaste a la actividad de anoche con nuestros amigos.
            Ricardo permaneció en silencio.  J.L. volvió a hablarle y Ricardo gritó: “¡Déjame, déjame!”
            Él solo quería dormir.  Tenía que hacerlo, sino no llegaría a la fiesta de su pequeña.
            “Quiero dormir.  Necesito dormir.  ¡Dios, ayúdame!”  Cerró los ojos, llegó…
            Al despertar en la mañana, ya no sabía cuál vida era real.  Solo quería dormir y no despertar nunca más… para vivir y no soñar.

viernes, 18 de marzo de 2016

Décima

Igual a mi padre soy.
Y nos gusta el baloncesto,
él nunca tuvo pretextos.
Muy orgullosa estoy,
por eso gracias le doy.
Siempre lo voy a amar;
admiro su caminar.
Con la misma vocación,
llevamos la profesión
por este peregrinar.