jueves, 14 de julio de 2016

Lapso de vida

Días largos de estudio, salidas con amistades son el escenario de la vida de Ricardo.  Entre risas y sueños por cumplir, vive al máximo.
            ¿Vas hoy? –preguntó John L.
            -¡Claro!  Allá nos vemos.
            El joven que cree que vive la mejor etapa de su vida, se recuesta en su cama para descansar un rato antes de una de sus acostumbradas salidas con J.L.
            Despertó.  Qué sueño raro había tenido.  Ya era mayor, tenía esposa e hija.  Por fortuna era un sueño, pensó.  Se miró al espejo, aún los años de juventud le sonreían.  Estaba listo para disfrutar de esa noche, como muchas otras noches.
            No contó a nadie su excéntrico sueño, no quiso darle importancia a pesar de cuán real lo había sentido.
            La noche termina, la mañana comienza.  A estudiar, a continuar con la típica rutina de su edad.  Pero Ricardo aún pensaba en aquel sueño.
            Cae la noche, invade el cansancio, se cierran los ojos, la mente continúa.
            Oye, el jueves es el cumpleaños de Fernanda. –dijo Susana.
            -Claro que sí, cómo voy a olvidarlo; ahí estaré, celebrando la vida de mi primogénita.
            Despertó Ricardo.  Esta vez no se trataba de un cumpleaños a los que acostumbraba asistir con John L.  ¿Qué estaba pasando?, se preguntaba, mientras su corazón palpitaba aceleradamente.
            Cómo era posible que un sueño tuviera continuidad.  Estaba en la misma casa que la otra vez, ¿¡hablando del cumpleaños de su hija!?  Qué sucedía.  Esto no era posible.  Ricardo repetía estas palabras una y otra vez: “Soy joven, soy joven, esta no es mi vida, esta no es mi vida”.
            Durante el día no dejaba de pensar en los preparativos del cumpleaños… Irónicamente anhelaba que llegara la noche, le intrigaba el asunto, quería saber más.  Había caído en el juego.
            “¡Hola, Susana!”  Fue él quien habló primero esta vez.
            -“¿Cómo va todo?”  Susana comenzó a hablar casi sin parar, mientras Ricardo no podía dejar de mirarla.
            Que llegue la noche, mientras es de día, eran los pensamientos de Ricardo.  Intentaba hallar el sueño de día para ver a su familia.
            ¿Qué te pasa? preguntó J.L.  No llegaste a la actividad de anoche con nuestros amigos.
            Ricardo permaneció en silencio.  J.L. volvió a hablarle y Ricardo gritó: “¡Déjame, déjame!”
            Él solo quería dormir.  Tenía que hacerlo, sino no llegaría a la fiesta de su pequeña.
            “Quiero dormir.  Necesito dormir.  ¡Dios, ayúdame!”  Cerró los ojos, llegó…
            Al despertar en la mañana, ya no sabía cuál vida era real.  Solo quería dormir y no despertar nunca más… para vivir y no soñar.