Jack con su celular en la mano adelanta el calendario
hasta el año 2036. Se mantiene fijamente
observando la brillosa pantalla. Llega
Roberta, más que su novia, su compañera de aventuras. Al ver el calendario exclama: “¡planificando
para el próximo fin de semana, ah!”
Espera… ¿2036? Pero si estamos en
el 2016. ¿O acaso estás armando un plan
para un fin de semana dentro de veinte años?, pregunta Roberta con tono
sarcástico.
Jack
continúa adelantando el calendario, mientras responde: “no es nada, sabes que
acostumbro a hacer esto. Me voy porque
debo estar a las 2:53 p. m. en casa”.
-“¿A las 2:53 p. m.? Vaya, que
exacto”.
A la
mañana siguiente suena el despertador.
Jack mira el reloj. Luego de
completar el procedimiento de todas las mañanas, se dirige hacia el calendario
sobre su escritorio, mira el mes y el día que corresponde para cotejar las
tareas que realizaría.
Mientras
camina hacia la universidad, ve un camino iluminado que no había visto
antes. “Qué curioso…”—pensó. Pero su obsesión por llegar media hora antes
al salón de clases no le permitió detenerse para observar.
Durante
la tarde comenta a Roberta lo sucedido.
Ella, con cara de incredulidad, responde que parece de película. “Oye, ¿qué vamos a hacer durante el fin de
semana?” Jack responde: “lo que habíamos
planificado hace dos meses”.
Para
el día siguiente, Jack colocó el reloj despertador para que sonara dos horas
más temprano, debía explorar aquel sendero antes de llegar a la universidad.
Llega. Ahí estaba, alumbrado nuevamente. Jack se adentra. Impresionante. Había varias puertas rodeadas por muchos tipos
de relojes. Curiosamente, las puertas
tenían la fecha 6 de noviembre pero con distintos años. A la del 1945 decidió entrar Jack. Pensó que podría conocer a sus abuelos,
quizás. Pero justo antes de abrir la
puerta observa las demás. Camina
lentamente, acercándose a lo más lejano.
Había
abierto la puerta del futuro. Donde el
destino había puesto fin a su existencia.
Por el afán de querer conocer más allá, olvidó vivir el presente y ya no
podría volver para enmendar su error. El
tiempo, su tiempo, se acabó.
