lunes, 1 de agosto de 2016

Segundos

           Jack con su celular en la mano adelanta el calendario hasta el año 2036.  Se mantiene fijamente observando la brillosa pantalla.  Llega Roberta, más que su novia, su compañera de aventuras.  Al ver el calendario exclama: “¡planificando para el próximo fin de semana, ah!”  Espera… ¿2036?  Pero si estamos en el 2016.  ¿O acaso estás armando un plan para un fin de semana dentro de veinte años?, pregunta Roberta con tono sarcástico.

            Jack continúa adelantando el calendario, mientras responde: “no es nada, sabes que acostumbro a hacer esto.  Me voy porque debo estar a las 2:53 p. m. en casa”.  -“¿A las 2:53 p. m.?  Vaya, que exacto”.

            A la mañana siguiente suena el despertador.  Jack mira el reloj.  Luego de completar el procedimiento de todas las mañanas, se dirige hacia el calendario sobre su escritorio, mira el mes y el día que corresponde para cotejar las tareas que realizaría.

            Mientras camina hacia la universidad, ve un camino iluminado que no había visto antes.  “Qué curioso…”—pensó.  Pero su obsesión por llegar media hora antes al salón de clases no le permitió detenerse para observar.

            Durante la tarde comenta a Roberta lo sucedido.  Ella, con cara de incredulidad, responde que parece de película.  “Oye, ¿qué vamos a hacer durante el fin de semana?”  Jack responde: “lo que habíamos planificado hace dos meses”.

            Para el día siguiente, Jack colocó el reloj despertador para que sonara dos horas más temprano, debía explorar aquel sendero antes de llegar a la universidad.

            Llega.  Ahí estaba, alumbrado nuevamente.  Jack se adentra.  Impresionante.  Había varias puertas rodeadas por muchos tipos de relojes.  Curiosamente, las puertas tenían la fecha 6 de noviembre pero con distintos años.  A la del 1945 decidió entrar Jack.  Pensó que podría conocer a sus abuelos, quizás.  Pero justo antes de abrir la puerta observa las demás.  Camina lentamente, acercándose a lo más lejano.

            Había abierto la puerta del futuro.  Donde el destino había puesto fin a su existencia.  Por el afán de querer conocer más allá, olvidó vivir el presente y ya no podría volver para enmendar su error.  El tiempo, su tiempo, se acabó.